Consciente de que esa apestosa ciudad ya no tenía absolutamente nada que ofrecerle y de que pronto el vecindario exigiría responsabilidades y también, muy probablemente, algún miembro de su cuerpo, el doctor Bartlomiej Krzysztofsky se decidió por fin a emprender el viaje de sus sueños junto a su mono Elías, tal vez el único ser que nunca le había fallado. Puso a punto la bicicleta, sacó brillo a su espada, reunió provisiones para siete días de camino y partió hacia el sur.
17 Abril 2008...3:39 pm
Los infinitos monos (1)
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