A su manera y pese a su huida, Bartlomiej Krzysztofsky se sabía un héroe. O quizás un elegido, lo que vulgarmente se conocía como un mesías. Contaba con aguantar siete días, y tras ellos, estaría en el desierto. Y el siete se transformaría en cuarenta días de asueto y penitencia. Bartlomiej era consciente de sus semejanzas con Jesucristo. Como él, pasaría su ayuno, y se enfrentaría al temible mono que las Escrituras confundían con el diablo. ¿Y quién dijo miedo? Poseía su fe, su espada, también a su querido Elías.
5 Mayo 2008...10:54 pm
Los infinitos monos (2)
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