Casi fuera de sí por saberse traicionado por su acompañante, el doctor se sacudió violentamente, dando con los simios agresores en el suelo. Acto seguido trató de atemorizarlos utilizando su poderoso grito, que tanto le había servido antaño para ganarse el respeto entre los vecinos de la apestosa ciudad, los mismos que ahora, con toda seguridad, ya habrían emprendido su búsqueda y captura. Lejos de intimidarlos, su grito no consiguió sino llamar la antención de un nuevo mono que los miraba curioso desde la rama de un arce.
16 Mayo 2008...4:16 pm
Los infinitos monos (4)
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