12 Junio 2008...8:29 pm

Los infinitos monos (6)

Saltar a Comentarios

En su precipitada huida, el doctor acabó hallándose en medio de un campo de amapolas, espacios terminantemente prohibidos en la región, por tratarse esta flor de un potente opiáceo. ¿Quién sería el responsable de aquello? De repente, divisó en lontananza una simiesca silueta que se dirigía haciendo aspavientos hacia donde él se encontraba. “Dios mío, otro más no, por favor”, pensó. Y, cansado de seguir huyendo hacia Dios sabía dónde, se tumbó boca abajo entre las amapolas, tratando de pasar inadvertido.

Escribe un comentario