En efecto: el ilustre dedo gordo del pie del Doctor protegía su sagrado agujero. En un rápido movimiento se había retorcido ágilmente, introduciendo el dedo a tiempo para evitar el repugnante pene de simio. Luego realizó una hábil torsión de su otra pierna con un movimiento de tijera, y lanzó al aire el cuerpo del mono, que acabó con su miembro clavado entre las amapolas, con el resto del cuerpo colgando en un precario equilibrio que tenía algo de pértiga a punto de quebrarse. Desde una mesa cercana, tres monos-jueces dieron la máxima nota a la acrobacia.
28 Julio 2008...5:35 pm
Los infinitos monos (8)
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