Krysztofsky musitó para sus adentros que las pretensiones del mono nunca habrían llegado a buen término ya que el sistema excretor del Doctor estaba ingeniosamente diseñado en un solo sentido (hacia afuera). Esto mismo, que en otros momentos delicados de salud llegó a suponerle sufrimiento (ya que su ano cerraba las puertas a los supositorios -y similares- prescritos por el galeno de turno), era, empero, una herramienta de protección contra los ataques sodomitas como el pretendido por el mono. Aún así, Krysztofsky quiso hacer valer su gran habilidad, desconocida por muchos, de poderse obstruir el ano con su ilustre dedo gordo del pie izquierdo.
Y con la venia de los monosjueces, el Doctor se puso de nuevo en marcha…