Conociendo la vida de este gran pez meditarráneo no nos extraña ver la desolación en su rostro sempiterno y taciturno.
Acosado por los arponeros furtivos, el mero apenas sobrevive en las profundidades del Mediterráneo. Huidizo y esquivo, más bien solitario, su hogar está entre las cuevas submarinas, no vaya a ser que lo conviertan en brocheta de un arponazo malintencionado.
Pero este denostado a la par que codiciado pez es la envidia de hombre erectus: el mero vive en la época de puesta rodeado de hembras más pequeñas, y así hasta los 50 años de vida que puede llegar a alcanzar.
Por tanto, estamos en condiciones de afirmar que no nos encontramos ante un mero pez.
